El Instituto Atlántico de Gobierno, en el marco de su vocación por producir y difundir conocimiento sobre la gestión pública y el funcionamiento de las instituciones, acogió el I Foro Atlántico –con el título “El futuro de la política”– durante los días 13 y 14 de enero. Con carácter introductorio, el director del Máster en Gobierno, Liderazgo y Gestión PúblicaMiguel Ángel Quintanilla– destacó que esta institución abordaba el Foro con el mismo espíritu que sus demás actividades intelectuales: ajeno a cualquier sesgo ideológico, pero no indiferente a un ideario muy marcado. Ideario que no se abandona a la aséptica e impostada neutralidad, sino que pretende abordar el debate público desde un conjunto de principios compartidos por todos sus participantes: democracia, europeísmo, defensa de los derechos humanos, el valor de la persona, la libertad y la prosperidad.

Esta producción de conocimientos especializados persigue que las divergencias razonadas sirvan de puente para una cooperación fructífera en torno a los debates auténticos que tienen lugar en nuestro momento histórico, pero que siguen una línea de diálogo atemporal.

A continuación tuvo lugar la lección inaugural, que a cargo del académico italiano Gianfranco Pasquino profundizó en el fenómeno de la personalización de la política en Europa. En este sentido, comenzó con una acotación conceptual, pues este fenómeno surge en regímenes autoritarios y en sistemas democráticos. En estos últimos, a su vez, admitiría una subdivisión en: (a) la personalización que acomete el líder que ha ganado un puesto de gobierno; y (b) la personalización realizada por el líder un partido. Ambas, lógicamente, pueden coincidir o no. Prosiguió Pasquino con la exposición de las características políticas personales más importantes, como el uso de la biografía personal y/o profesional por parte de un líder; la experiencia previa que desea subrayar; y la cuidadosa utilización de una narrativa (storytelling) tanto en el ámbito personal como partidista –pese a que la primera monopoliza la comunicación propia de un partido–. Es decir, el líder obtendrá una enorme visibilidad, con el coste de desvertebrar un partido político, pues él será el auténtico protagonista de la política.

El fenómeno de la personalización de la política, con independencia de manifestaciones históricas de carácter puntual y esporádico, surgirá con el declive de los partidos políticos de masas (p.ej. comunistas y democratacristianos en Italia). Dicha mengua en su capacidad de proyectar y generar su influencia y capacidad de movilización será consecuencia de los cambios en las clases sociales, la prosperidad económica y el surgimiento de nuevas generaciones de electores. Así, los votantes tendrán la necesidad de identificarse con un líder antes que con un partido o una clase social, lo que llevará a que en estos movimientos mengüe su capacidad de realizar pedagogía política.

pasquino

 Pasquino destacó especialmente el riesgo de confundir los liderazgos fuertes con la personalización de la política. Además, aseveró que existen ámbitos políticos donde la personalización cuenta con una ventana de oportunidad –como en la Europa continental– y otros lugares que los desincentivan –como en los países escandinavos–. Destacó tres ejemplos: (1) España, considera Pasquino, asistió al fenómeno de la personalización durante el periodo de la Transición. El actual declive de los dos principales partidos políticos nacionales abrirá las puertas a una nueva personalización populista de los partidos emergentes; (2) En Francia, sin embargo, no existe un fenómeno personalizador en la política. Incluso el linaje político de Marine Le Pen no responde a un fenómeno populista o personalizador, sino que proyecta una concepción tradicional de nación militante; (3) Italia supondría un compendio de este fenómeno, pues todos los partidos son personalistas, creados a mayor reverberación del mensaje de sus líderes. Sus conclusiones, en última instancia, descansan en la inevitabilidad de la personalización, en la falta de responsabilidad y de rendición de cuentas de tales líderes y en la necesidad de generar ciudadanos informados para asumir que la política supone la construcción de relaciones y no la creación de liderazgos personalistas.

 El siguiente espacio de debate intelectual adoptó el formato de mesa redonda con la temática de los partidos políticos y la movilización –moderada por Javier Redondo–. Pasquino, nuevamente, tuvo el honor de inaugurar ésta con su intervención. Manifestó su preocupación por la falta de interés de los partidos políticos en movilizar a sus electores, pues sólo persiguen sus votos, algo que adolece de visión de largo plazo. Esto, considera él, explicaría las importantes fluctuaciones en las tendencias de voto. También incidió en la necesidad de estudiar con detenimiento los partidos supraeuropeos, pues han de dar solución a problemas de índole trasnancional al tiempo que representan una idea de Europa. Su coda resultó significativa: sin partidos, la democracia es de baja calidad.

 El catedrático de Ciencia Política Francisco José Llera, recordó la idea de otro académico –Mair–, para quien la democracia de partidos habría terminado, lo que nos llevaría a una nueva fase de las democracias liberales. A juicio de Llera, ésta se caracterizaría por una fatiga partidista por hipertrofia, una crisis de representación por atrofia y una desconexión entre partidos y electores tradicionales.

Otro elemento que considera significativo es la polarización política mediática, que en España sustituiría la dinámica social, centrípeta por naturaleza. Los síntomas serían ya dolorosamente visibles: desestabilización, volatilidad, desmovilización, fragmentación y aparición de nuevos actores emocionales (como los populismos). A estos elementos añadiría una acotación precisa: antes que de distanciamiento del electorado habría que señalar el alejamiento por parte de los profesionales partidistas y sus élites, así como la tecnocratización de muchas de sus decisiones y la huída a nichos neocorporativos de otras tantas para evitar una rendición plena de cuentas por sus actuaciones políticas. Así, las élites políticas se habrían vuelto o populistas o meramente anodinas, en detrimento de sus funciones previas de selección de personal cualificado para la política, de suministro de ideales a los ciudadanos y la pedagogía política. El profesor Fernando Casal dispuso de la última intervención, en la que apuntó que la crisis de los partidos en España no es novedosa. Lo que sí tendría un rasgo diferenciador respecto a escenarios anteriores sería que los datos demuestran que en esta ocasión varios de los partidos llamados a ser relevantes estarían sujetos a un desfondamiento evidente y que existe una crisis en los gobiernos de los partidos.

Lo que no se puede poner en duda, nos dice, es el papel estructural de los partidos políticos en la formación de gobierno. Faltarían elementos necesarios, como una conexión mayor entre candidato y elector, al tiempo que el eje ideológico espacial que recorre de la izquierda a la derecha habría desvirtuado su coherencia. Hoy en día sólo contaríamos con alternativas de gestores, al tiempo que los partidos nuevos proveerían sólo de opciones tecnocráticas o populistas. Pasquino añadió que las grandes coaliciones que cuentan con un comportamiento adecuado de los políticos en ese momento de responsabilidad son capaces de derrotar con claridad a las alternativas populistas. Sus palabras fueron explícitas: el populismo no gana.

3º mesa

 En la mesa redonda “¿Hay futuro para el proyecto europeo?”, el periodista Iñaki Gil moderó a José María de Areilza y a Juan Moscoso. Para Moscoso, la crisis migratoria supuso un punto y aparte en la construcción europea, un proyecto paradójicamente visto con deseo desde el exterior de las fronteras comunitarias y con escepticismo por los propios europeos. Areilza abundó en la crisis migratoria de los refugiados para defender la solución de unos mínimos comunes y la integración social antes que la armonización social y el control de fronteras. Cuestión ésta, la del control de fronteras, que para Moscoso requiere de un presupuesto amplio y compartido.

La cuestión monetaria respecto a la viabilidad del euro también les llevó a incidir en matices. Para Moscoso, la construcción monetaria fue asimétrica e institucionalmente insuficiente al no garantizar un mercado único de oportunidades. Si bien compartía la premisa de que la moneda fue proyectada en zonas sub-óptimas, Areilza ahondó en este enunciado para señalar que el euro ha sobrevivido en una versión más actualizada, que precisa de un gobierno económico antes que de una armonización fiscal.

Ambos manifestaron sus discrepancias respecto a las dos velocidades económicas de la Unión Europea. Así, Areilza se mostró en contra, mientras que Moscoso considera esta segregación modulable como un elemento necesario para la supervivencia de la moneda única. Sí coincidieron ambos en la posibilidad de derrotar a los populismos por medio del ideal cosmopolita comunitario si se resuelven las causas de fondo de la crisis desde instituciones europeas.

iv mesa

Finalmente, el I Foro Atlántico concluyó con la mesa redonda “La sociedad civil frente al espejo del siglo XXI”. Su moderador, Javier Zarzalejos, aprovechó para recordar que la sociedad civil no es un concepto unívoco, puesto que podemos asumir su acepción de conjunto de tejido social asociativo o elegir la de integración del pluralismo social. Remitiría en última instancia a virtudes que priman en una sociedad, virtudes de la civilidad, y a los niveles de confianza mutua. El profesor Manuel Arias Maldonado, durante su intervención, aseveró el carácter plural, ambiguo y contradictorio de la sociedad civil. De complementar al Estado y al mercado, hoy la sociedad civil devendría en concepción radical –como espacio para la contestación y resistencia popular–. Esta mutación conceptual, a juicio del docente, generaría precaución al erosionar el pluralismo de la democracia liberal. A mayor abundamiento, la sociedad civil también sufre otra permutación en las actuales sociedades en red con la creación de las comunidades virtuales por la posibilidad de disfrutar de una interacción permanente. Luis Ravina, por su parte, incidió en la aceleración de los cambios, así como por la (escasa) capacidad de adaptación de los políticos. A su juicio, si la velocidad de los fenómenos cambia, si existe mayor cercanía entre éstos, y no se produce una verdadera adaptación política, sufriremos más situaciones de crisis.

Para el escritor Valentí Puig convendría comenzar formulando la pregunta sobre el tipo de sociedad en que vivimos. Las nuevas tendencias generarían ideas, desincentivarían vínculos y degradarían valores, pero sin que surjan otros nuevos. En todo caso, tal y como nos previene Puig, una sociedad civil precisa de una moral, de la posibilidad de conversar entre personas libres. Ante la tentación de la antipolítica sería preciso que la sociedad se reconcilie consigo misma. En último lugar, el sociólogo Víctor Pérez-Díaz recordó que vivimos en un tiempo de confusión permanente y de sensaciones fugitivas. Ante la complejidad, la globalización y la innovación que corren parejas, difícilmente se puede poner orden o administrar lo evanescente sólo con pedagogías reduccionistas y toscas. La sociedad civil debería ser el marco razonable y provisional, el intento tentativo de ver el conjunto con un cierto orden y de introducir elementos normativos. Sería el espacio en el que la política no está o sólo se deja entrever a duras penas. De no mediar polarizaciones, la sociedad civil fomentaría la escucha frente a unas élites políticas mal educadas, sin visión conjunto, moralmente dudosas y cognitivamente cortoplacistas.

Mario Ramos Vera