Con motivo de su intervención en el próximo Seminario de Gobierno IADG “¿Qué es el  Populismo”, Ángel Rivero, doctor en filosofía, hace un análisis sobre los movimientos populistas que hoy cobran protagonismo en Europa y al otro lado del Atlántico.

Ángel Rivero es el responsable de la asignatura “Desafíos políticos en el ámbito atlántico del siglo XXI: radicalismos, populismos y nacionalismos” del Máster en Gobierno, Liderazgo y Gestión Pública del Instituto Atlántico de Gobierno.

IADG.- Parece evidente que América Latina vive un momento de transición tanto a nivel económico como político, ¿cuál ha sido el balance de los gobiernos, o los resultados, en términos de retraso económico y democrático que han deparado los gobiernos populistas?

Ángel Rivero- Cada uno de los neo-populismos de América Latina es distinto. No es comparable el Kirchnerismo con el Chavismo pero en un nivel muy alto de generalidad podría decirse que el populismo en esta región vino avivado por los problemas de democracias imperfectas en países con fuertes desigualdades sociales y el resultado del experimento populista ha sido una mayor degradación institucional de la democracia; una gestión económica completamente incompetente que ha malbaratado un tiempo de oportunidad de crecimiento perdido; un grave deterioro de la seguridad pública con el crecimiento exorbitante de crímenes y delincuencia organizada; y una aparente mejora de las condiciones sociales que, al estar fundada en la creación de redes clientelares a través de subsidios, no supondrá un incremento duradero de la igualdad.

IADG.- Por su parte, los populistas van ganando terreno en Estados Unidos. ¿Cuáles son las características particulares del populismo de Trump?

Ángel Rivero- En el proceso de primarias de los partidos Republicano y Demócrata han adquirido un súbito protagonismo líderes populistas de derecha e izquierda. Veremos si estos líderes se consolidan como candidatos a la presidencia. En cualquier caso, es poco probable que si alguno lo hace esté en condiciones de ganar las elecciones. Esto nos muestra que el populismo, que nace  a finales del siglo XIX en los EE.UU. es una corriente intermitente de la vida americana, como puede verse en la memorable película Mr. Smith goes to Washington (Caballero sin espada) donde la pulsión adversa a la élite capitalina necesita manifestarse de vez en cuando.

Sin embargo, ha de señalarse que el populismo americano, al ser minoritario, ha sido siempre instrumento que ha avivado la democracia y no ha constituido una amenaza para la misma. En las condiciones del presente, el éxito del populismo en las primarias está vinculado a la entrada de los millenials en el sufragio y la proyección de su frustración por la realidad que les rodea.

IADG.- ¿El euroesceptisimo británico es una forma de populismo? ¿Hasta qué punto Cameron y su pulso a la Unión Europea es una estrategia de contención del aumento del euroescepticismo en su país? ¿Cuáles son las raíces de ese populismo?

Ángel Rivero- El euroescepticismo no es necesariamente una forma de populismo, pero el UKIP de Nigel Farage sí lo es. Dado que este partido se alimenta de votos provenientes del Partido Conservador movilizando, en un contexto de pleno empleo, el descontento social por la crisis cultural inducida por la inmigración, Cameron ve amenazada su base electoral por el discurso antieuropeo y soberanista que sus adversarios han desplegado. Sin duda, en la cuestión del BREXIT ha de entenderse en relación a esta situación. Lo que se busca por parte del primer ministro británico con el referéndum, por tanto, no es contener el euroescepticismo, que es minoritario, sino contener el trasvase de votos desde el Partido Conservador a UKIP.

IADG.- ¿Cómo explicar, por ejemplo, que en Francia muchos de los votantes del Frente Nacional de Marine Le Pen sean antiguos votantes del Partido Comunista francés? ¿El populismo está por encima de las separaciones de izquierda y derecha?

Ángel Rivero- El populismo opera sobre la presunción de que representa a un pueblo homogéneo con una voluntad única. Puesto que hablar de izquierda y derecha es hacer constar el pluralismo de la sociedad, el populismo elude definirse en esos términos. Así una de las consignas del Frente Nacional es “ni derechas ni izquierdas, Frente Nacional”. En la defensa de este pueblo protagonista del storytelling populista, aparecen unos “enemigos del pueblo”, que se convierten en chivos expiatorios en el camino de la restauración de la felicidad pública. El Frente Nacional ha señalado a la casta y a la inmigración como culpables de la decadencia de la Francia de los “30 gloriosos”, esto es, de una Francia feliz y opulenta cuidada paternalmente por el Estado providencia.  La nostalgia por esa Francia ha hecho que una parte importante del voto obrero francés haya acabado en el Frente Nacional en lo que se ha denominado una estrategia de “populismo patrimonialista”, esto es, ha calado para un sector significativo de los franceses la idea de que el Estado providencia puede volver a su apogeo si se restringen sus beneficios a los franceses “de pura cepa”

IADG.- ¿Por qué en España el populismo es de izquierda?

El fenómeno populista más significativo en España es PODEMOS y no hay que volver mucho la vista para recordar que eludían las etiquetas izquierda y derecha porque, como en el caso del Frente Nacional, les impedía proyectarse como voceros del pueblo, de la “gente”, frente a los partidos de la “casta”, esto es, de la oligarquía que pretendidamente había secuestrado la democracia española. Ahora bien, de la misma manera en la que el Frente Nacional tiene difícil ocultar su mancha de origen en la extrema derecha, otro tanto ocurre con PODEMOS y la prehistoria de sus dirigentes en la extrema izquierda totalitaria. Lo que nos muestran ambos ejemplos es que el populismo es un instrumento que radicales y extremistas utilizan cuando la democracia acusa un momento de debilidad.

El populismo es la herramienta de los extremistas para asaltar el centro del sistema político. Lo que falta saber es si lo conseguirán y si, en el camino, no se transformarán ellos mismos hasta integrarse en el sistema.